domingo, 3 de diciembre de 2017

NO NECESITO ESTAR “ENAMORADA” PARA VIVIR EN AMOR CON MI PAREJA.




Hasta ahora siempre había creído que para estar en pareja había que sentirse “enamorada”. Y nunca hasta ahora había cuestionado esta idea. Porque tal y como lo veo ahora, es sólo eso… una “idea”, “pensamiento”, “creencia” que en mi experiencia presente no se sostiene ya que aparentemente la contradice.

Hace unos días compartí un vídeo hablando del mito del “romanticismo”, (ver vídeo aquí ) que despertó algunas inquietudes, y lo entiendo, porque de alguna forma “colectivamente” hemos dado por sentado la validez y veracidad de este planteamiento. La idea del amor romántico tiene muchísimos seguidores, y toda una industria que se nutre de nuestra aceptación de esta idea. Pero la otra cara, la que no se habla tanto ni es tan popular, es, de nuevo, todo el sufrimiento que trae consigo toda esta idea del amor romántico, sobre todo cuando nuestra experiencia no “encaja” para nada en esta “definición”.

Y esto es lo que me ha llevado, de alguna manera, a querer mirar más en profundidad mi creencia de que necesito “estar enamorada” para tener una relación de pareja amorosa.

En mi experiencia previa, mis relaciones siempre estuvieron motivadas por el “deseo” de sentirme “especial”, por el deseo que tener a alguien con el que compartir buenos momentos, con el que “ser feliz”. La idea del amor romántico que yo sostuve durante tanto tiempo decía más o menos esto: “Algún día encontraré a mi pareja ideal, a mi alma gemela, esa que me comprenderá perfectamente, que me apoyará, protegerá y con la que formaré una preciosa familia. Encontraré un hombre que me amará incondicionalmente por quien soy, que me valorará como lo primero y más importante en su vida, un compañero que soportará mis malos momentos, y me ayudará a crecer y a ser mejor persona. Y seremos felices para siempre”.  ¿Les suena? Cada uno tiene su propia versión de esta idea, pero creo que el hilo conductor es el mismo… “necesito a alguien para ser feliz, y si creo que ya lo soy, entonces necesito a alguien para ser MÁS feliz todavía”. Esto es lo que estimula la idea del amor romántico… “me falta algo para ser COMPLETAMENTE feliz” y ese algo es el Amor… del otro.

Entonces, como creo “necesitar” a otro, me pongo en modo búsqueda del otro. Y no vale cualquiera, por supuesto, tiene que ser ÉL (mi alma gemela). Y ÉL tiene que tener ciertos atributos y características, (romántico, detallista, que sepa bailar, guapo, inteligente, espiritual, amoroso, buen padre, próspero, cariñoso, educado, caballeroso, sociable, emocionalmente maduro, autosuficiente, con los mismos valores y forma de ver la vida que yo... Etc…)

A partir de aquí, surgen oportunidades de conocer a posibles “candidatos” a pareja ideal, algunos tienen ciertos atributos de los que busco, otros no… y así hasta que alguien aparece que “ATRAPA” mi atención. Puede ser que coincida o no con mi perfil de hombre ideal, pero de repente surge una poderosa sensación que me lleva a querer estar con esa persona. Aquí surge nuestro concepto de “enamoramiento”, mariposas en el estómago, sensación de angustia si no sé nada del otro, atención total en torno a la otra persona, desinterés de tu realidad inmediata (pasan a un segundo plano el trabajo, los amigos, los hijos… “estoy enamorada”) y hay una pérdida de contacto total con el momento presente para entrar de lleno en tu fantasía del “otro”.

De repente, el sentido de nuestra existencia gira totalmente en torno a esa persona, qué hará, con quién estará, pensará en mi… Empieza entonces una dinámica de relación donde tú fantaseas con la posibilidad de que sea ÉL. Y empiezas a negociar contigo misma los atributos que tu misma estableciste, para que encajen en esa relación. Ya no importa quién es el otro, sino quien tú quieres que sea… Y tu quieres que sea ÉL. Tu compañero de vida, el amor para siempre.

Estamos viendo la idea del amor romántico en su desarrollo. ¿Te suena?

Y seríamos felices para siempre si no fuera por un detalle… esto no dura. En algún momento la dinámica de la relación empieza a cambiar, y donde antes sólo veías ciertas cosas, ahora empiezas a ver “otras” que ya no te gustan tanto… La realidad hace su aparición y el mundo de fantasía que fabricaste en torno a tu relación empieza a desmoronarse. La historia que te “contaste” acerca del otro ya no casa con la realidad (nunca casó, pero lo pasaste por alto). Comienzan entonces las dudas, el miedo, ¿me habré equivocado? ¿será que éste no es ÉL?... empezamos entonces a justificar todas nuestras dudas y nuestro malestar en torno a la figura del otro, que si hace o no hace, que si antes sí pero ahora no, que si ha cambiado… Lo cierto es que ahora tengo una realidad frente a mí que no me gusta y la quiero CAMBIAR.

Y aquí es donde, si hay conciencia de lo que la relación ES y la oportunidad que ofrece, podemos hacer un gran trabajo de aceptación y presencia. Pero esto requiere, soltar la idea inicial que yo tenía del Amor Romántico, y estar dispuesto a CONOCER el verdadero Amor.

En mi experiencia presente la idea del amor romántico simplemente no estuvo. Llegó a mi vida una relación y desde el primer momento sentí una afinidad y un vínculo que están presentes en mí. Observo cómo la relación se desarrolla sin ninguna expectativa sobre ella, al principio todo era muy nuevo, y lo sigue siendo. Nunca sé qué va a pasar. Hay una apertura total a la experiencia que se está dando. A veces aparecen pensamientos, sensaciones, ideas en torno a la relación que traen sensaciones, memorias, recuerdos placenteros o dolorosos en mí o en el otro, y que no tienen nada que ver con el momento que vivo pero me dan la oportunidad de comprenderme mejor y de mirar en profundidad aquello que por alguna razón antes no se atendió. No busco nada en la relación ni deseo nada de ella, más que extender este amor que soy. No estoy al cargo de ella. No tengo que hacer nada, ni sostenerla, ni cuidarla ni nada de lo que antes creía que era mi función dentro de la relación. Soy yo misma, en cada momento, y atiendo momento a momento lo que va surgiendo con el mayor nivel de presencia que puedo en cada instante.

¿Qué hice para que esto esté ocurriendo así? NADA.

Pero si observo cómo se ha desarrollado todo, sólo puedo decir que hay algo que tengo muy presente en todo momento: el propósito de la relación (ver vídeo aquí). Sabiendo por mi experiencia de vida que no hay nada en el mundo que yo quiera o desee, (y esto no son sólo palabras, es un sentir muy profundo que está instaurado ya en mi corazón), y que el otro no puede darme nada que yo no me haya dado a mí misma antes, lo único que busco es experimentar más y más el Amor que Soy y para ello, observo como la vida me presenta maravillosas oportunidades a través de todos los escenarios que vivo, incluido el de la relación de pareja. Atiendo todo lo que surge, y cuestiono cualquier idea que me aleje de la paz y el amor que están presentes en cada experiencia que vivo.

Me experimento totalmente unida en Amor a mi compañero, y a la vida. Observo como esta sensación es muy diferente a la idea de “amor romántico” que yo tenía y siento una gran liberación al haberme dado la oportunidad de soltar los conceptos y abrirme a la experiencia presente.