lunes, 20 de noviembre de 2017

RELACIÓN CONSCIENTE vs RELACIÓN ESPECIAL



A raíz de lo que tú me compartías, donde me decías que “esto se supone que no debería sentirse así” “se supone que una pareja cuando se encuentra y se enamora pues se siente bien, se siente feliz”, “cuando dos personas se enamoran se supone que se tiene que crear un espacio de deseo, de querer estar la una con la otra, ¿no? eso es lo normal” …

Y esto me llevó a reflexionar sobre ¿qué es lo que hace que una relación surja? ¿qué es lo que hace que dos personas se encuentren? ¿que dos personas se atraigan en primera instancia?

Mirando en retrospectiva, observo que lo que hace que dos personas se encuentren y se atraigan son los programas inconscientes que tenemos. Estos programas que dicen: yo estoy buscando algo, yo necesito algo.

Si yo estoy en ese modo búsqueda de lo que me falta, inconscientemente, acabaré encontrándome a alguien por quien de pronto me sienta atraída. En el momento en que eso sucede, automáticamente surge todo el sistema de pensamiento que hace que justifique esa atracción. ¿Y cómo la justifico?

Pues, yo voy a justificar esa atracción en función de lo que la otra persona tiene, lo que me aporta, y lo que es, a mi modo de verla, en función del valor que mi programa le haya dado. Si mi programa (conjunto de ideas o creencias que tengo respecto a algo) valora el hecho de que sea guapo y es guapo, eso le valida como la persona correcta, si le doy valor al hecho de que sea inteligente, o de que tenga un buen estatus social, o de que tenga un buen trabajo, o de que sea una persona con la que se puede hablar, o de que sea una persona sexualmente muy activa, o muy sensual, o con ciertos comportamientos, y esta persona refleja estas condiciones, entonces yo cojo todo eso y digo: esta SI es la persona que yo busco, porque tiene todo lo que yo quiero, todo lo que a mí me gusta, entonces eso es lo que hace que la relación empiece. A esto lo llamamos “enamoramiento”.

Y esta etapa de “enamoramiento”, es la etapa donde aparentemente la otra persona cubre todas esas necesidades y toda esa lista de cosas a las que yo le he dado valor, las que mi programa de carencia le ha dado valor y que dice que me complementa, que dice que, de alguna forma, esto es lo que me da la felicidad. Una vez que la relación está establecida, entonces se pone de manifiesto el propósito inconsciente que yo he atribuido a la relación: yo quiero una relación para que me haga feliz, yo quiero una relación para obtener placer, para compartir buenos momentos.

¿Qué ocurre entonces? que automáticamente esa dinámica empieza a cambiar. Entonces empiezo a ver cosas que no me gustan, surgen los desencuentros, aparece el miedo a perderla, los celos, la dependencia del “otro” como mi fuente de felicidad, empiezo a experimentar dificultades y esto ya no me hacen sentir bien. Y si lo que me hacía sentir bien ya no está, y el propósito de la relación es que me de placer y que me haga sentir bien, que me de felicidad, paz… automáticamente empiezo a cuestionar que, efectivamente, esa sea la persona con la que yo tenga que compartir mi vida, porque si no me da lo que se supone que yo busco y quiero, lo que necesito, si no me da lo que se supone que es el propósito de la relación: placer y felicidad, automáticamente esa relación ya no sirve a su propósito.

Y si ya no sirve a su propósito, tiene todo el sentido que acabe, porque evidentemente esta persona no es. Y si ésta no es, tiene que haber otra persona, por necesidad tiene que haberla porque si ésta no es la correcta, es que hay otra que si lo es. Y este razonamiento lo que nos pone al frente, de nuevo, es el propósito que yo le he asignado a la relación. Sí el propósito de mi relación era obtener placer, obtener felicidad, obtener paz y sentirme bien, es decir, derivar placer de ella, pues evidentemente cuando eso no pase, ya no hay motivo para que la relación siga adelante. En este punto ya queremos cambiar la relación, “mejorarla”, o salir de esa y buscar otra.

El punto con esto es que la relación especial termina con su misma finalidad, ya que, si el propósito de la relación especial es validar la idea de que soy un Ser necesitado y carente, de que estoy separado de MI FUENTE de amor y felicidad, solo puede acabar en separación, no puede acabar de otra manera y a menos que cambiemos el propósito de la relación el final está pautado de antemano desde sus inicios.

La diferencia grande que yo observo con respecto a la Relación Consciente que estoy experimentando, es que el propósito es distinto. Cuando ya sabes que no hay nada fuera, que tu felicidad no está en ningún “otro” el propósito de la Relación cambia. Ahora la oportunidad que la Relación Consciente te ofrece es conocerte a ti mismo, recordar tu Esencia, experimentar más y más el Amor que eres, ese estado de Unidad y plenitud con TODO y con TODOS.

Y si el propósito de la relación cambia, la dinámica de la relación cambia también. Porque si mi deseo es experimentar el amor y la unión con otro Ser, ¿qué es lo que me impide a mí experimentar esto ahora, aquí, en todo momento? Sencillo, lo que me impide vivir el Amor que soy, son todos los obstáculos que yo he puesto, todas las ideas que yo tengo, todos los conceptos y significados que yo asumí como ciertos. Así que cuando yo me uno a otro Ser con el propósito de recordar la verdad, ya la dinámica cambia. 

Y tiene todo el sentido que la dinámica de la Relación Consciente en algún momento se vuelva “difícil” y que plantee un desafío constante, porque eso que te impide experimentar la felicidad y la Unión plena con el otro, con la vida y con Dios, son los obstáculos que vas a estar viendo desde el primer momento. Todas las ideas que concebiste, los conceptos que tú tienes, tus creencias, el mundo que fabricaste, se pone en primer plano y entonces dices, pero Dios mío ¿por qué es tan difícil ser feliz con otra persona? ¿será que no estoy hecho para tener pareja?

Pero qué pasa, que, si tú vuelves al propósito de la relación, de forma consciente, ya te das cuenta de que la finalidad de lo que estás viviendo no es obtener placer, ni evitar el dolor, no es buscar la felicidad en el otro cuando tú ya sabes que la felicidad no está fuera de ti. Recordar el propósito de la relación, es recordar el AMOR que eres, ese amor incondicional que todo lo acoge, que todo lo acepta, que nada resiste… y eso es lo que te mantiene dentro de la relación. Esto es lo que evita el impulso de huida, el impulso latente y permanente de separación que va venir a contarte que ésta tampoco es, porque mira cómo te sientes, porque mira qué difícil, mira…

Y éste es el punto, porque si MIRAS lo que verdaderamente te separa de esa persona, lo que pone en fase todo el sentimiento intenso de miedo, todo lo que está ahí… lo que estás mirando es el mundo que tú fabricaste y que te impide ver la verdad, que te impide conocer y AMAR verdaderamente al otro, que no es otro que tú mismo. 

Aquí es donde, para mí, reside el valor, la tremenda oportunidad que una Relación Consciente ofrece, porque si yo puedo unirme a uno solo de mis hermanos totalmente, estar dispuesta a conocerle, a aceptarle y amarle totalmente, significa que puedo conocerme a mí misma, recordar mi verdadera identidad y entonces puedo unirme a toda la creación.

Y ahí radica realmente el valor de la pareja, del matrimonio en el sentido más profundo de matrimonio, la Unión con DIOS a través de mi hermano… Aquí es donde una pareja tiene sentido si sirve a este propósito, aquí es donde la monogamia tiene sentido si sirve a este propósito, aquí es donde la fidelidad tiene sentido si sirve a este propósito…

Porque cuando eliges conscientemente la fidelidad, la monogamia y la pareja, cuando dices te elijo, lo que estás eligiendo es el recuerdo de Dios en ti, la fidelidad es la fidelidad hacia tu propósito, hacia ti mismo.  Sólo a través de la relación (en cualquier forma que tome) puedo conocerme y recordar que Dios está en TODO y en TODOS, que no estoy separado de nada ni de nadie, que YO SOY, este todo que percibo fragmentado.

Las relaciones que sirven a este propósito son relaciones que están benditas en el mismo instante en el que yo soy consciente de para qué están en mi vida. Desde este espacio, ya no hay impulso de huida, no puede haberlo porque ¿de qué querrías huir? ¿De ti mismo? ¿A dónde te irías que no fueras tú contigo? Cuando esto se hace evidente, te abres completamente a cada experiencia, te entregas a ella, te comprometes con ella.

Y eso no quiere decir que en un momento determinado la relación no cambie de forma, o que tengas que estar con una persona para toda la vida, porque eso no lo controlas tú.

Es la vida la que te lo va poniendo todo enfrente, la vida te trae, la vida se lleva y si tú estás claro en el propósito de cada relación, en el propósito de cada Ser que aparece en tu vida, ya no lo resistes, ya no lo etiquetas, sino que te permites vivir la experiencia plenamente presente y abierto a ella.

Y tal y como lo experimento hoy, la pareja es una maravillosa oportunidad de mirar esto, de elegir conscientemente y constantemente la experiencia presente, volver a recordar cuál es mi compromiso, no el compromiso con el otro si no el compromiso conmigo misma, con mi decisión de experimentar el amor que soy en cada escenario que la vida me presenta. Ese es el auténtico compromiso y entonces puedo apartar a un lado las formas, los escenarios, puedo soltar al personaje. Y cuando ya no hay una identificación con el YO, entonces la conciencia puede hacer su trabajo y unirse, y experimentar la dicha y la plenitud del SER. 

Esto es lo que para mí ayer caló muy hondo, el darme cuenta de que ya llegué, que no tengo que seguir buscando nada, que no hay que buscar nada, la vida te lo trae te lo pone delante y tú puedes ver cuál es la oportunidad que cada escenario te ofrece; elegir conscientemente el propósito que ese escenario tiene para ti cómo lo vas a usar y para qué.

Y es inevitable la incomodidad, es inevitable que surjan todos los todos los fantasmas, todo el miedo que la idea de percibirte separado y solo, trae, inevitable que se pongan frente a ti absolutamente todas tus creencias, el mundo que fabricaste. Y aquí es donde de nuevo se cuela la tentación de rechazar, de huir, de salir corriendo… Pero el miedo no está ahí para ser rechazado, está ahí para ser acogido, mirado, y comprendido, y entonces el significado de la experiencia cambia y la forma como la vives también.

Una de las ideas que más miedo suscita, cuando estoy en relación de pareja, es que surja la atracción por otra persona… Y esto genera mucho miedo y mucha culpa, porque yo creo todavía que puedo traicionarme a mí mismo, que puedo elegir mal, que puedo equivocarme, que no puedo confiar en mí y en mi compromiso conmigo mismo y con la verdad. 

Entonces aparece esa idea en forma de otra mujer o en forma de otro hombre que aparentemente despierta en mí una atracción, acompañada de una respuesta física, puedo observar cómo de nuevo, mis sentidos vuelven a traer la atención afuera, al cuerpo como símbolo de separación, el cuerpo como objeto de deseo, al cuerpo como fuente de placer… y si yo estoy claro con el propósito de TODA experiencia, observaré todo lo que eso mueve dentro de mí y dejaré que todo eso me atraviese.

Entonces puedo acoger todo lo que ese escenario me muestre y puedo darme cuenta de que no significa nada, que de nuevo estoy poniendo la atención en el cuerpo, de que me vuelvo a sentir “necesitado”, que creo que hay algo “fuera” que puede darme lo que no tengo… y  entonces puedo elegir de nuevo, puedo elegir la verdad, puedo dejar caer todo el contenido y el significado que yo di a esa experiencia toda la culpa que había ahí detrás y puedo percibirla de forma inocente. Esto es el perdón del que habla UCDM, un cambio total de percepción que libera a la mente de la idea de sufrimiento y separación.

Y cada vez que me siento tentada a identificarme con lo que está pasando afuera, me pregunto ¿cuál es el propósito de esto? Recordar la verdad y experimentar ese Amor que Soy… y éste es el filtro, esto es lo que devuelve la cordura a la mente que constantemente te va a llevar afuera, a la forma, al final es nuestra única función aquí, ver el mundo que fabriqué, soltar y perdonar el mundo que creí real, para recordar mi identidad, para recordar a Dios, para sentir la dicha y la plenitud del Ser más allá de las formas.